Una solución eficaz

Autor: Vicente Garnero

El post del mes de febrero de nuestro blog está particularmente dirigido a todos aquellos profesionales de la función de RRHH interesados en digitalizar la gestión de personas en sus organizaciones pero que no se han atrevido, todavía, a iniciar dicho camino.  Antes que nada, es conveniente reflexionar sobre las razones por las que siguen sin abordar este importante proceso. A los tradicionales argumentos de carácter estructural, como la falta de tiempo y presupuesto, la situación recesiva del mercado, la  inmadurez de la cultura corporativa, etc. cabría añadir otro de índole más personal que, seguramente, no resulta fácil reconocer: se trata de algo tan simple como la inseguridad que nos produce nuestra falta de dominio de la tecnología como simples usuarios de la misma. Reconozcámoslo, nos estresa y acompleja ver cómo a nuestro alrededor todo el mundo parece manejar con destreza infinidad de términos, aplicaciones y funcionalidades cuya estela nos resulta prácticamente imposible seguir.

La conclusión es sencilla ¿cómo voy a liderar una evolución digital de la gestión de personas en mi empresa si no sé descargarme una aplicación GPS en mi móvil ni conectar medios audiovisuales a una presentación de PowerPoint? Aunque no es estrictamente necesario realizar estos “juegos malabares” para promover dicha evolución, es cierto que, al menos, dar un salto cualitativo en nuestra capacidad como usuarios tecnológicos nos puede proporcionar una mayor tranquilidad técnica y emocional para impulsar las primeras “hazañas de digitalización” en la empresa donde desempeñemos nuestra labor.
De cara a generar esa anhelada seguridad en nosotros mismos, hay dos soluciones que podemos considerar: una es continuar con la tradicional acción autodidacta de aprender “a salto de mata”, es decir, exprimiendo nuestro voluntarioso ejercicio de ensayo y error, buscando tutoriales en Google o aprovechando la generosidad de algún amigo, compañero de trabajo o la de nuestros propios hijos. Desafortunadamente, métodos para “no perder el tren del mundo digital” suelen resultar lentos, imprecisos y, en general, frustrantes (no le damos nunca continuidad). La otra opción estaría en contar con un profesional que nos ponga al día de forma rápida y personalizada. Es curioso que llevemos décadas haciendo esto mismo para resolver el problema del idioma (profesores particulares de inglés) y aún no lo veamos claro con lo de dejar de ser un “inseguro digital”.

Nuestra propuesta es la siguiente: entra en cualquiera de las páginas donde ofrecen sus servicios numerosos “expertos en la materia”: www.tusclasesparticulares.com, www.masqueclases.com, www.donprofesor.com. Busca el que mejor se adapte a tus necesidades en tres aspectos: coste (suelen estar entre 12-15 € la hora si te desplazas tú y en torno a 20 € la hora si se es a domicilio), capacidad (asegúrate de que tiene titulación y/o suficiente experiencia docente, puedes pedir referencias de sus alumnos) y adaptación a tus necesidades (confirma que domina los temas específicos que a ti te interesan, hay programadores extraordinarios en un determinado lenguaje que no tienen ni idea de cómo sacar partido a LinkedIn para promocionar una marca personal o que hace años que no utilizan una hoja Excel).

Dedícale una o dos horas a la semana (muchos de los profesores no tienen inconveniente en dar clases los sábados y domingos) y planifícate unos objetivos temporales. Es decir, proyecta lo que quieres aprender en un período concreto, por ejemplo, cuatro meses (de marzo a junio). Por el mismo precio que te cuesta ese gimnasio al que no vas casi nunca, te puedes encontrar el próximo verano con que has aprendido a optimizar el uso de tu portátil, tablet o smartphone (sobre todo porque vas a descubrir muchas cosas que no sabías que tenías a tu disposición), te has descargado una serie de aplicaciones muy interesantes para tu vida personal y profesional, has mejorado la utilización de las principales herramientas de Office (Word, PowerPoint, Excel), manejas tu agenda, correo y mensajería con mucha mayor eficacia y además, realizas un uso más racional de las redes sociales y profesionales (eso si ya habías empezado a usarlas, porque si no ha sido así ésta es la oportunidad).

A partir de ahí seguramente podrás seguir tú solo, sobre todo porque tendrás la formación suficiente para no perder el tiempo y la motivación necesaria para disfrutar del aprendizaje autodidacta. No hay excusas, merece la pena el viaje y, además, conseguirás esa seguridad mínima que precisas para  promover la digitalización en la gestión de personas. Al fin y al cabo es una responsabilidad que tendrás que afrontar tarde o temprano.


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