Malos tiempos para la colaboración con viento en contra

Autor: Maria Jose Larriu

Hay tendencias y modas para todo, y Recursos Humanos no es una excepción. Desde hace unos años, no paramos de oír hablar de responsabilidad social corporativa, coaching o salario emocional, por poner solo tres ejemplos. Y es bueno estar al tanto, porque nos permite profundizar en espacios unas veces nuevos para nosotros y otras, olvidados. Lo curioso ahora es cómo muchos de ellos parecen estar en “stand-by”, cuando años atrás parecían imprescindibles y ahora, pese a que la ministra Bañez asegure atisbar indicios “positivos”, las cifras no acompañen.

Como en otras épocas de crisis, vemos el resurgimiento de “lo individual” en las organizaciones. Y del mismo modo que recordamos momentos de la historia que no debemos repetir, también en las organizaciones es necesario insistir en la importancia de la colaboración para lograr el objetivo común.

En gran parte, hemos perdido el norte, al olvidar que todos los marineros deben remar en el mismo sentido para que la trainera llegue a buen puerto. El primero, su “patrón”. Aunque tengamos el viento en contra, hay que mantener la calma, respirar hondo, mirar con profundidad al horizonte y aplicarse con firmeza. No basta dar el impulso hay que trabajar de forma coordinada.

Los marineros, desorientados, han comenzado a funcionar con una inercia hacia un “no se sabe dónde”. En mareas revueltas, cuando el patrón mira y mira, y parece no ver, cunde el pánico, no se comunica o lo hace mal, y no vale todo. No se puede permitir que, por la fragilidad de la situación, cada uno campe por su anchas. No se puede admitir que cada uno vaya en una dirección cuando solo yendo en una  única podremos logra el objetivo.

Ahora, más que nunca, es necesario trabajar y no solo decir que se trabaja. No hay mejor “orden” que un buen ejemplo. Es difícil no colaborar cuando tu superior es el primero que llega, el último que se va y el que no olvida nunca mirar el objetivo y perseguirlo. Y hacerlo de forma activa, poniendo lo mejor de cada uno, siendo conscientes de que solos no alcanzaríamos la meta, con el corazón en cada acción y la cabeza en cada sueño. Y por supuesto, si dejamos de quejarnos de lo que pudo ser y no fue.

En estos “malos tiempos para la música” en los que, quien más quien menos, nos vemos envueltos en la vorágine de comentarios y tópicos que se instauran, debemos pararnos a pensar y confiar en que un futuro mejor es posible. Una reflexión sobre estos “prejuicios” es un buen primer ejercicio para empezar.

- Los españoles trabajan mal. ¿Todos? Seguro que NO. Leíamos hace pocos días “Hay que decirle a los alemanes que en España se trabaja duro” de boca de José Luis López- Schumer, Presidente de la Cámara de Comercio alemana para España. No hace tantos años en el país germano, se valoraban nuestros albañiles por su iniciativa y capacidad de solventar dificultades. Eran capaces de partir un ladrillo para lograr terminar una pared irregular. Quizá no fueran los mejores, pero cuando surgían imprevistos, aportaban soluciones “creativas”. Pero, ya en el siglo XXI, tendremos además que saber comunicarlo y venderlo con profesionalidad. Estas gentes que hoy, en muchos casos, disfrutan de su jubilación en las costas mediterráneas, colaboraron en rehacer un país.

- No hay innovación ni imaginación. Falso. Aunque en España han predominado empresas productivas, sobre todo en la época en que los coste salariales impulsaban a multinacionales a implantarse en España, tenemos empresas punteras. Quizá no seamos lideres en I+D, pero no podemos ser nuestros enemigos número uno. Sectores como el ferroviario o el de energías renovables están compitiendo a alto nivel en proyectos internacionales de gran calado. Quizá lo que falta es inversión en estos momentos, pero este es otro tema.

- No hay movilidad geográfica internacional. Falso. Cierto es que hace unos años era difícil encontrar profesionales dispuestos a trabajar fuera, tanto en países árabes como de Latinoamérica, pero lo cierto es que ahora muchos se lo plantean como única alternativa. Se estimaba que más de un 3,4 % de la población está censada en el extranjero. Y ya no son sólo expatriados, son ingenieros, arquitectos, informáticos, gentes de hostelería, médicos y economistas que se “han buscado la vida” fuera.

Sin duda la lista de tópicos, frases hechas y prejuicios podría extenderse, pero no alienta la colaboración y el proyecto común. Lo importante ahora no es que en el horizonte próximo se convoque una huelga, si no que seamos capaces de trabajar día a día, poniendo toda la carne el asador pero sin quemarnos, haciendo lo que es necesario para nuestras empresas, manteniendo siempre la mirada en el horizonte, pensando a largo y trabajando a corto.

Sería conveniente analizar los tópicos positivos, que también los hay. Aunque ultimamente parezca que nuestro amigo alemán, el alzheimer, avanza sin piedad.


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