La roja, colaboración en equipo

Autor: Maria Jose Larriu

Para los profanos en el mundo del fútbol era una tarde “aciaga” como diría el economista Carlos Rodriguez Braun, en la que pudimos ver un ejemplo de colaboración, de trabajo en equipo, esto es, un partido de fútbol Europeo España-Portugal. Pero también con una afición que demuestra que cuando hay un objetivo claro, y cuando se trabaja duro, “la gente” le sigue.

Doctores tiene el fútbol, muchos, y no seremos nosotros los que entremos a realizar las evaluaciones técnicas, tan fáciles desde un cómodo sillón. Sí, por el contrario, podemos valorar el esfuerzo y la colaboración de un grupo de deportistas, seguido por millones de personas y en un momento de máxima tensión. Unos se trasladan a verles a Ucrania, otros optan por acercarse a pantallas patrocinadas en las ciudades en las que compartir el éxito o el fracaso, pero compartir, y otros lo ven desde su televisión de casa.

Todos los que escucharon, vieron, o vivieron el partido, pudieron comprobar cómo estos “muchachotes” se dejaban la piel en el campo. Con la presión de ser campeones de Europa, campeones del mundo, debían saltar al terreno y hacerse con la victoria, seguros de que no existe rival fácil. Eso sí, ante un público entregado.
Cada jugador, además de la responsabilidad profesional, de la obligación impuesta y del objetivo de superar fase, aportaba su implicación personal, como siempre. Incluso alguno con un ego que parece que siempre sale a jugar solo ó a brillar sólo De esta manera, al saltar al campo, puedes ver caras serias, sonrientes, empáticas o taciturnas. Como la vida misma.

Pero todos llevan su “mochila”, aquello que les hace ser buenos delanteros, medios y defensas, y que tiene que ver con su motivación. Nadie duda que juegan por afición, pero no, en estos momentos, más que nunca, porque quieren ganar. ¿Alguien no vio como el portugués abría la boca cual león al principio queriendo comerse al rival?. Le motiva, como a muchos, el hambre, el hambre de títulos.

Como en cualquier organización, cada uno es de su padre y de su madre, llega de culturas diferentes, y reacciona ante estímulos diferentes. Unos estarán más habituados a tirar penaltis o ceder al protagonismo a otro que brille en esos momentos de tensión. A Xabi Alonso, ágil y vivaracho, le puede doler fallar un penalti, pero sabe contener esa emoción. Por algo es vasco.

El apoyo al de tu camiseta no puede faltar. Cuando se conoce al rival, porque durante la temporada se juega con el, pueden advertirte sutilmente por donde entrarle. Para que luego digan de alguno que no es buen compañero, cuando además, avisó “gratis” cómo derribar, más bien sortear, la puerta contraria. Trabajo en equipo.

Todos iban dispuestos a sudar la camiseta, simple y llanamente, a no perder oportunidad, a dejarse la piel en el césped. Cada uno desde su puesto sabe qué es lo que tiene que hacer y cuando, sea pasar, chutar, defender o parar, sin perder el tiempo. Solo son noventa minutos para la gloria.

Detrás de todo proyecto hay una marea que impulsa. Los meros espectadores del fútbol y de la vida, que además valoramos el buen temple, nos alineamos con el hombre tranquilo. Un entrenador que no pierde los papeles, que mantiene su traje azul “casi” impecable al final, nos merece admiración y respeto.

Once hombres logran que las calles se vacíen una tarde, que la gente salga apresurada de sus trabajos para juntarse en sus casas, ante pantallas enormes situadas en las ciudades, o que se vayan a Ucrania. Hasta los mayores antifútbol se ven envueltos en la marea roja. ¿y cuál es el misterio? Quizá tenga que ver con que transmiten ilusión y que ganan partidos. Pequeño detalle.

Los jugadores de esta selección, como de los de cualquier otra, meten los goles, ¡¡¡pero los equipos ganan!!!!. Como en la vida real, nosotros aportamos trabajo e ideas, pero gracias a las organizaciones las convertimos en EXITOS.


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