Incorporar un discapacitado: una oportunidad gracias a las nuevas tecnologías

Autor: Maria Jose Larriu

Con una tasa de desempleo que no para de aumentar y todos los problemas que se plantean actualmente, la incorporación de un discapacitado para el departamento de recursos humanos ( y otros también..) puede dar una comprensible “pereza”. Escudarse en la complejidad del proceso y pasar de soslayo resulta irresponsable y cobarde, cuando tenemos además un aliado tan importante en las nuevas tecnologías. Basta con ponerse en los zapatos de una de estas personas para que cambie la perspectiva. Otra opción es que la vida te pegue de frente y te obligue. Pero nadie está preparado para responder al teléfono y enterarse de que su ahijado ha tenido un accidente, está en la UVI y posiblemente quede tetrapléjico. Y esto sólo es el principio…

La magnífica película Intocable logró llevar al cine a más gente que cualquiera de Brad Pitt, las cifras cantan. El reto ahora es convertir la sensibilidad y sensiblería en una llamada de atención a la sociedad y, también, a las empresas. El fondo del asunto, como en cualquier historia, es el lugar que ocupamos y podemos ocupar. Con o sin discapacidades. Los departamentos de recursos humanos pueden ser protagonistas en la puesta en marcha o limitarse a cumplir el expediente. Sólo hay que elegir en qué lugar queremos estar y ser consecuentes.

No siempre es fácil lograr los candidatos idóneos entre los profesionales de finanzas, marketing o consultoría, mucho menos cuando tenemos que incorporar una persona de “cuota”. La labor debe ser artesanal y requiere de un grado de conocimiento y sensibilidad especial. No basta con publicar una oferta, cribar, entrevistar, elaborar un informe, presentar al área e incorporar. Hay que olvidarse de la ley que obliga a tener un 2% de trabajadores discapacitados para empresas de más de cincuenta trabajadores y empezar a pensar en la oportunidad de contar con talentos especiales.

Las nuevas tecnologías ayudan a desarrollarse de una manera hasta hace pocos años impensable. Nos han permitido acortar plazos, simplificar tareas, comunicarnos con sencillez y colaborar desde cualquier lugar. Todas estas ventajas que vemos tan claramente en nuestro día a día se multiplican en el caso que nos ocupa. Porque quien sólo ha tenido un ordenador durante mucho tiempo como compañero, sabe cuánto vale y normalmente lo ha exprimido. Lo ha convertido seguro en su teléfono, en su Larousse, en su aula, en su supermercado, en su amigo, en su amante y sobre todo en su incondicional acompañante de noches en vela. Que hay muchas.

Para quien no puede caminar, ver bien, escuchar o hablar, tener acceso a un ordenador le permite avanzar, le reabre el mundo que un fatídico día se cerró. Por ello, se convierte en un ávido usuario, un perfecto desarrollador y un único “disfrutador”. La pantalla es la ventana al mundo que no pueden tocar, con el velo que les permite no ser vistos. Las alas que necesitan para volar.

El discapacitado conoce mejor que nadie lo que puede necesitar para el correcto desarrollo del trabajo. Aquí la sencilla asignación de puesto y herramientas se complica, pero basta con preguntar y seguro que encontramos en nuestro recién incorporado una fuente de sabiduría. No es lo mismo una minusvalía visual que una limitación en la sensibilidad fina. La persona habrá pasado, seguro, muchas horas de soledad y reflexión, y habrá aprendido qué funciona mejor, dónde se encuentra y cómo se rentabiliza.

Cuando se inicie el trabajo esperaremos, como en cualquier caso, a que la persona cumpla con su cometido. Por eso, es necesario previamente facilitar las herramientas adecuadas, como en otros casos, y evitaremos encontrarnos con frustración e incompetencia. El fundador de una de las principales residencias de discapacitados de Madrid, la FLM de Vallecas, construyó la misma para poder vivir en un entorno donde las puertas fueran lo suficientemente anchas, los controles domotizados, el sol entrase sin problemas para iluminar las vidas de tantas gente personas, y existiera un espacio donde compartir. Claro, fruto de su propia experiencia. Así, sus residentes se encuentran “como en casa”, es decir, integrados. Porque la pregunta fue previa. Valga como ejemplo.

Recientemente se incorporó un joven ingeniero industrial a una Big Four. Quince días antes sólo quería empezar a trabajar, verse frente a su primer gran reto profesional y personal, como la mayoría de parados y jóvenes titulados. A diferencia de muchos de sus compañeros de incorporación, su gran preocupación no era el edificio, el horario, el espacio que ocupar, si no con qué herramientas específicas trabajaría. Tener un ordenador es fácil, pero muchos lo necesitan con una pantalla mayor, un teclado especial, un ratón adaptado y una aplicación de reconocimiento de voz, por enumerar sólo algunas de las necesidades.

Y como en Intocable, lo que no busca el protagonista de una historia real de vida limitada es “piedad”. En la película mencionada, el protagonista elige a su cuidador porque ve en él dureza, distancia y fuerza, porque está harto de candidatos que sólo le dicen lo que creen que quiere oír. No hay que esperar a verlo en una pantalla para darse cuenta. Colaborar sí, anular las capacidades que todavía se tienen no.

De forma traumática se descubre que las nuevas tecnologías se convierten en el órgano que falta, permiten ver lo que no se ve bien, viajar a donde las piernas no pueden llevar, volar donde la gravedad les convierte en pájaros y trabajar como cualquier compañero de despacho. En definitiva, les hace libres.


2 Respuestas a “Incorporar un discapacitado: una oportunidad gracias a las nuevas tecnologías”

  • Olga Dijo:

    En México esta película se llama” Amigos” y realmente lo son. Saben tratarse con naturalidad y como uno más, sin maneras afectadas. Me parece muy a propósito el que se les eliga profesionalmente más por sus aptitudes que pueden ser muy interesantes que por el 2% de la empresa. Muchas gracias por el escrito.Una madre.

  • 4Up Dijo:

    ¡Ojalá fuéramos capaces de seleccionar prioritariamente talento!, olvidándonos de consideraciones de tipo estético.
    ¡Ojalá las capacidades preponderen sobre otras consideraciones!
    No solo contribuiríamos a la integración profesional, sino que la productividad y la competitividad de nuestras empresas se equipararía a la del resto de nuestro entorno económico.

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