Convivencia de nativos e inmigrantes

Autor: Vicente Garnero

Ya empieza a ser una realidad en nuestras organizaciones. La pirámide  de edad está haciendo que un volumen muy importante de profesionales con más de 35 años se encuentren desarrollando su actividad laboral en estos momentos y, seguramente, tendrán que seguir haciéndolo  durante los próximos 6 o 7 lustros, siempre y cuando nuestro inestable mercado de trabajo lo permita.
Esta circunstancia implica una reflexión sobre el uso individual de la tecnología. Viendo los períodos de tiempo previos a una hipotética jubilación que afrontarán los ahora “cuarenta / cincuentañeros” y la paralela incorporación y consolidación en el mundo de la empresa de los profesionales más jóvenes, con edades entre 25 y 35 años, que se va a producir a medida que  la crisis económica remita, es innegable que el escenario laboral va presenciar una intensa convivencia entre dos mundos de actitudes y habilidades tecnológicas muy diferentes.

Los nativos digitales ocuparán puestos de trabajo con una dinámica relacional centrada en torno al uso de redes sociales y al multiuso de “dispositivos tic” (tecnologías de la información y las comunicaciones con plena accesibilidad y movilidad) o, mejor dicho, a la utilización de dispositivos tic multiuso (Smartphones, Tablets,..), así como al disfrute de numerosas aplicaciones gratuitas para resolver infinidad de necesidades cotidianas (desde encontrar una calle hasta afinar una guitarra).
Por su parte, los inmigrantes digitales, seguirán intentando subirse al carro de las nuevas tecnologías, siempre con un empleo de las mismas más moderado y selectivo, mientras van “digitalizando” sus tradicionales culturas de comunicación y trabajo en equipo. Estas últimas no van experimentar una revolución radical, más bien se verán sometidas a una evolución progresiva para acabar alcanzando puntos de encuentro entre los usos y costumbres de ambas generaciones.
Es conveniente no dejar al azar la conciliación entre estas dos mentalidades y prácticas tecnológicas aplicadas al trabajo, ya que ninguna de ellas va a poder imponer su dinámica a la otra de una forma absoluta. A los inmigrantes habrá que ayudarles a perder el temor a utilizar cosas que no son complicadas y facilitan nuestra vida (más allá del famoso WhatsApp) y a los nativos se les tendrá que apoyar para que aprendan aspectos que las nuevas formas de comunicación no les han permitido desarrollar adecuadamente (la mayoría de titulados universitarios llega a las empresas con un nivel de redacción escrita excesivamente bajo).
Cada una de las generaciones puede implicarse en la capacitación de la otra de una forma planificada y coordinada. Las Direcciones de RRHH cobran así un papel fundamental para organizar este obligado proceso. Los mecanismos de formación interna se deben orientar, no sólo a la utilización eficaz y eficiente de la tecnología en el puesto de trabajo (con independencia de la edad), sino a generar una nueva cultura empresarial en la que la comunicación, trabajo en equipo, toma de decisiones, desarrollo y motivación se vean facilitados por los avances del mundo digital y, a su vez, resulten útiles y satisfactorios para todos los implicados en su utilización.
Si todos intentamos convivir y adaptarnos, la tecnología acabará encontrando un sitio que todavía está buscando dentro de las empresas. Ese lugar, sin duda, no está en la obsesiva innovación ni en el cambio permanente para aplicar nuevas opciones, a veces, tan sofisticadas como inútiles.


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